jueves, 3 de septiembre de 2015

                                             Nada es para siempre. 
                                           Nada excepto nosotros.


Todo esto es mío
(y si bien
no mío,
concedo al menos
los efectos)
cuán irritable es la gente
en sus coches a las cinco
de la tarde
la gente en general
qué denso el vuelo
de las moscas
torpes y su quietud
en los vidrios

a estas alturas
es mi mente una tina
de lodo con
pensamientos
cogiéndose sin parar
acaso no nos deja
nunca la vida
estar cómodos
sin picazones
ni finitudes
mira qué pronto
me bajé de ese tren
para venir a perderme
a esta ciudad
parece a ratos
que estoy siendo la repetición
de un técnica mal aprendida
de un cuerpo
que no sabe estar en el mar
y cada vez que te olvido
intuyo algo
cada vez que vuelvo
a mi cueva
construida por mí
para oler mi propio olor
y tener lo que
no me atrevo a tener
sí amor
sí me dan miedo
tus padres
y quererte y dejarte
y volverme amante
de la huida
y sólo poderte dar
verbo
a estas alturas
ya debería callarme
leer en cambio el libro
que tengo en frente
no dejar que su voz
me mutile los intentos
y decir
que lo triste es
triste
no furia
pasado anclado
en las arenas
donde ya no hay
barcos
y volver a ser yo
(y si bien
no yo,
conceder
lo que mejor
me habita).

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