domingo, 28 de junio de 2015

A esa mujer hacía años
que nadie la tocaba
se le veía en el tono de piel
hecho cristal
y peces y algas corriendo debajo
su cara era una galería
con el silencio de un cuarto blanco
y extraordinarias obras
esperando venderse
los lunes por la tarde
ella se sentaba junto a mí en su isla desierta
bebíamos té
conversábamos
pero cuando -impulsada por el calor
de nuestras palabras-
yo intentaba tocarla
ella me ponía el océano delante
sus hombros estaban repletos
de papeles escritos a máquina
el recuerdo de su madre
trozos de sueños a medias
sentía tristeza
de lo lejano que era su cuerpo
aún siendo cálido
de sus pechos escondidos
a la edad de quince
yo nunca toqué a esa mujer
no su espalda ni su sexo ni sus labios
pero habían días
-por lo general fines de semana
que me venían las ganas de viaje-
que me ponía a pensar en su cuello cima
en sus manos hierba
en sus piernas carreteras engarzadas
en su temperatura de trópico
y humedad
y playa
y entonces la piel
se le cuarteaba un poco.

2 comentarios:

  1. La piel yerma por la sequía de las caricias,
    volaría como nube para regar esos campos sedientos de besos.
    Me impresiona mucho tu poesía. Un placer encontrar tu espacio.
    Saludos

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  2. Muchas gracias por tu comentario! Me alegra.

    Saludos!

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