jueves, 1 de enero de 2015

"[...] Así es, al
       punto que ya no puedo distinguir el arrepentimiento
       del egoísmo del que querría arrepentirme, y no sé cual
       de los dos
me mantiene viva, y me cuesta decidirme. Ay, Iris, ¿y si
       vamos juntas
a zambullirnos en Leteo, sin arrepentimientos de nada al día 
       siguiente? ¿No sería laxante para el deseo, y excelente 
       para el sincretismo en mi poesía? ¿Y si nos enamoramos
       de nuevo, si resucitamos algún viejo amor que a lo
       mejor ni estuvo vivo porque fue puro egoísmo?
¿No mejoraría mi poesía, su intensidad? ¿No mejoraría? No,
       en verdad, sería lo mismo aunque peor. Se llenaría de
       adjetivos, de la furia de los sonidos. Se haría
enrarecida y mentirosa, y yo lamentaría tener que llegar a los
       setenta en ese estado pueril, llena de error y de terror a
       perder, febril, mi amor y mi escritura, que casi siempre
       fueron para mí, egoísta como soy, la sola y la misma cosa."

(Mirta Rosenberg)

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