domingo, 3 de agosto de 2014

Agosto

Son patéticos mis intentos. Hoy me di cuenta. Debería poder borrar este vocabulario. Empezar de nuevo. Seguir en el sueño en donde te beso las manos. Pero siempre desconfío del silencio. De lo armonioso que es quererte cuando no hay respuesta. Como si vivir fuera el vértigo. Y sin embargo. Soy tan torpe para saltar. Mil veces tuve tu boca enfrente. El vapor frío de tu boca. Y mil veces salí corriendo. Te digo. Torpe. Pero tengo una claridad que no se va. Tu piel es como hoja de libro recién impreso. Suenas tan pronto te toco. Y tus ojos. Tu pelo. La dulce manera en que te masturbas. Tengo tu imagen adherida a la suavidad de mi cuerpo. A mi pensamiento. Cuánto puede suceder sin que te aparezcas. Cuántas horas. Pájaros. Canciones. Tarta de manzana. Lluvia. El olor a lluvia. No sé cómo naciste. Ni cómo nombrarte. Cómo hacerte venir. O ir a ti. Pero me gusta cuando yacemos en el pasto. Cuando nos metemos las manos por debajo de la blusa. Y nos tiembla la boca. Despierto ante la simple idea de ti. Pero qué ridículez tanta fantasía. Soy un mar de inseguridades al momento que he de confesar. Me aterra tu corteza áspera. Tu respuesta irrevocable. Estoy llena de amor por ti. A dónde te gustaría que fuéramos. Y verte a la orilla del mar. Amo el sabor de tu saliva. Tu peso encima de mis pechos. No somos todos estos adjetivos que creemos. Que nos detienen. Nunca dura tanto la soledad. Ha de rompernos con sus formas cotidianas. Palabras en bruto. Llévame a la atmósfera en donde puedas amarme. Después de todo no soy más que eso. La fragilidad de quien pide ser amada.

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